EDUCACIÓN
 

La herramienta definitiva para terminar con el acoso escolar: el programa TEI

 
Martes 23 de mayo de 2017 0 comentarios
 

La herramienta definitiva contra el acoso escolar: cambiar al grupo para modificar al individuo

Este programa se puede aplicar en cualquier etapa educativa y uno de los pasos es que el acosado manifieste su dolor

“Cuatro ojos”, “bola de sebo”, “cerebrito”, “jirafa”... son algunos de los insultos clásicos que seguramente estén en la memoria de todos. Esta violencia, llamada de bajo impacto, así como casos más graves tanto físicos como psicológicos es un aspecto que trabaja el TEI (Tutoría Entre Iguales), un programa contra la violencia y el acoso escolar. Para intensificar la lucha contra estos comportamientos, ambos institutos de Santa Pola ya lo están implementado. Se trata de un programa “basado en la tutorización emocional entre iguales”, concreta Andrés González Vellido, encargado de impartir al personal de sendos institutos los conocimientos necesarios para ponerlo en práctica.

La tutorización entre iguales comprende “varios niveles de intervención: la persona, el grupo o clase, el centro educativo y la comunidad o población y se concreta en que alumnos dos años mayores son tutores de alumnos dos años más pequeños”, según González. Así, en Secundaria, los alumnos de tercer curso tutorizan a los de primero; en Primaria, los de quinto curso tutorizan a los de tercero y en Infantil, los de cinco años tutorizan a los de tres.

Prevenir antes que curar
En el caso de Educación Infantil, la utilidad del TEI es preventiva: "El objetivo es generar conductas saludables para no llegar a hacer daño a los demás, automatizarlas como hábitos y no llegar a las que ahora tenemos", explica González. Es decir, que desde el inicio los comportamientos intimidatorios no se manifiesten y sean sustituidos por conductas respetuosas con los demás incluso antes de producirse.

Dicen que los niños siempre dicen la verdad, o al menos lo que piensan. La socialización en ellos y, por tanto, evitar conductas de abuso verbal se trabaja a partir "de los conceptos de apego y por la reproducción de conductas que ven en otros". Andrés González lo explicaba con un ejemplo gráfico y sencillo de conducta saludable: "Un niño de cinco años y otro de tres se sientan juntos a comer. El niño de cinco años le dice al de tres que lleve el vaso al fregadero y él también lo hace. Al tercer día, el niño de tres años llevará el vaso al fregadero. Incluso si el niño de cinco años está ausente y el de tres come con otro de tres, llevará el vaso al fregadero sin que esté su tutor. Ya hemos creado una conducta". Este concepto se usa también para otros casos como "para los niños que no guardan la cola o que dan patadas".

Desaprendizaje
En el caso de los alumnos de Secundaria y Primaria, "lo primero que se hace es un proceso de desaprendizaje". Es decir, que los estudiantes sean conscientes de que no es normal que les digan "cuatro ojos", "elefante" o "Dumbo" porque "eso hace daño", explica Andrés González. Lo que sucede es que "actualmente, esos tipos de comportamientos están muy normalizados, se van desarrollando sin tener la conciencia de hacen tanto daño". Es, por tanto, una cuestión de magnitud, el agresor "sabe que hace daño, pero no la cantidad que hace. Por ello, el primer objetivo del TEI es concienciar a los alumnos de que esas actitudes hieren y mucho a los demás, para que las cambien".

¿Dónde aprenden los niños y jóvenes las conductas disruptivas? Existen varios canales de socialización y aprendizaje. El primero y más determinante es la familia. Un segundo, de fuerte influencia es de carácter social: medios de comunicación, sociedad... Y existe un tercer canal, “no de aprendizaje sino de no intervención en los centros educativos. Los centros no crean ni potencian estas conductas, pero no intervienen para que no se produzcan”, un concepto que González matiza: “cuando digo ’no intervención’ significa que se acaban aceptando como habituales conductas que no lo son, sobre todo las de baja intensidad”. Así, se llega a ver como habitual llamar a un compañero “cuatro ojos”, “fideo” o “Dumbo”.

¿Cómo se desactiva?
Para la psicología de un preadolescente o adolescente “lo más importante es la pertenencia al grupo”, donde busca su identidad y aprobación. De ahí que las conductas que van encaminadas a agredir a los demás suelen estar relacionadas con el deseo de mantener su rol respecto al grupo. Además del aspecto social, en las conductas disruptivas existe también un fuerte componente individual. González Vellido está convencido de que “el 99 por ciento de los alumnos que son agresores lo hacen para reforzar sus niveles de autoestima”. Existe, por tanto, una falta de autoconcepto y de amor propio que se suple intimidando a los más débiles.

El TEI, por tanto, no actúa directamente sobre el alumno de manera individual, sino que primero lo hace sobre el grupo para cambiar al individuo. Al alumno agresor “le puedes decir mil cosas, que no las creerá. Pero cuando el grupo sabe que cuando tú estás llamando ’gordo’ a alguien lo estás haciendo con la intención de hacer daño, ¿Qué pensará el grupo de tí?”, pregunta retóricamente Andrés González. La respuesta esperada del grupo es la de apartar a la que comienzan a considerar “mal compañero”.

El cambio del grupo
El TEI actúa sobre el grupo. Antes de aplicar este programa, se observan tres niveles de comportamiento: el grupo que aplaude al alumno disruptivo y que fortalece ese rol; los espectadores, que no intervienen y que también acaban engrandeciendo ese rol; y, por último, la víctima, que no tiene herramientas ni respuesta.

Tal y como explica Andrés González, después de haber trabajado en clase este programa de prevención de la violencia y de la agresión, “toda la clase piensa, como poco, que eres un mal compañero o una mala persona porque haces daño con toda la intención. El grupo ahora interviene”. De esta manera, “se invierten los roles” y el abusón cambia su comportamiento para volver a encajar en el grupo y “para ser el reforzador del grupo de nuevo. En el momento que una persona va contra las ideas del grupo, no cambia el grupo, cambia la persona”.

En este aspecto influye también que la víctima verbalice su malestar y haga saber al grupo la magnitud, el cuánto le duelen las conductas agresivas. El TEI trabaja con la empatía, “el alumno debe ponerse en las zapatillas de los demás”. Cuando al que le llaman “bola de sebo” manifiesta abiertamente “frente al resto que ese comentario le hace daño, a partir de ahí ningún alumno puede decir que era una broma o que se lo decían porque era su amigo”, añade González Vellido.

Para Lucía Rodríguez, orientadora del IES Cap de l’Aljub, “son los propios chicos los que crean un clima saludable. Son los que tienen el poder de cambiar y nosotros, profesores, orientadores, tutores, equipo directivo... somos lo que fomentamos las herramientas que nos proporciona el TEI para que los alumnos puedan hacerlo y ponerlo en valor”. Se trata de una labor conjunta en la que los discentes son los protagonistas, alentados y espoleados por el resto del cuerpo docente.

Educación en emociones
La inteligencia emocional que ya propugnaran autores como Daniel Goleman y Howard Gardner en los años noventa y ochenta del pasado siglo respectivamente, comienza a implementarse en los centros. Lucía Rodríguez afirma que, si bien “el ámbito de la educación en las emociones, de su gestión y su reconocimiento es el más olvidado”, también hoy en día el más novedoso en España.
“No es cuestión de saber, sino de ser. Y los padres suelen pensar ’no me importa lo que sea mi hijo siempre y cuando sea lo más feliz posible’”. De lo que se desprende que ya los padres están cambiado las pautas de priorización y no se trata tanto de contenidos y de currículo, sino de aprender emociones.

Para Lucía Rodríguez, ambas partes, emocional y académica están íntimamente ligadas y lo ejemplifica de la siguiente manera: “Si soy una persona que bajo al patio a comerme el bocadillo y me llaman “cuatro ojos”, cuando subo a clase mi mente no está en aprender matemáticas. Por tanto, cuando se disminuye el nivel de violencia, cuando uno se siente seguro en el entorno educativo, la capacidad para aprender, obligatoriamente crece. Y esto también repercute en los resultados académicos, en la valoración de uno mismo, en la valoración de la familia...”. De hecho, apostilla Andrés González, “hay un 20% de variación en las notas en aquellos alumnos que son especialmente vulnerables. Por eso, el objetivo del TEI es crear un entorno que sea lo más satisfactorio posible. De hecho, el primer criterio del 70 por ciento de los padres a la hora de elegir un centro es que su hijo se sienta seguro”.

El TEI trabaja esta educación emocional, como explica Raquel Hernández, directora del IES Santa Pola, en relación a los alumnos disruptivos, “se trata de trabajar con la emoción del alumno. De hacerlo sentir para cambiar”.

Aplicabilidad garantizada
Para Ernesto Martín, coordinador del TEI del IES Santa Pola, se trata de un programa “totalmente aplicable porque se pretende cambiar conductas que son reversibles”. En este instituto, en dos años se habrá actuado sobre el cien por cien del alumnado de Secundaria.

De hecho, si en los padres existe un cambio de prioridades, también en los jóvenes. Y para mejor. “Los roles han cambiado mucho. Nada tienen que ver los alumnos de este año con los de hace tres. Al alumno le ha calado mucho el mensaje, sienten en primera persona el daño a otros compañeros. Por ejemplo, son alumnos más abiertos contra la discriminación de género o por tendencias sexuales”, como especifica Martín.

Se está produciendo, por tanto, un cambio de mentalidad que se acerca al civismo que muestran algunos de los países con los sistemas educativos más avanzados de Europa. Ángel Lillo, director del IES Cap de l’Aljub, lo ejemplifica: “En Dinamarca nadie tira papeles a la calle. Ha habido un proceso de concienciación y de educación. Nadie lo hace y a quien lo hace, se le reprueba. Aquí diríamos, ’que pongan más barrenderos o más papeleras’. Pero donde debemos llegar es a la repercusión individual, porque estos actos tienen consecuencias colectivas”. Y en este camino es hacia donde se está avanzando.

Hacia una ciudad TEI
En España hay 18 proyectos de ciudad TEI y el referente nacional es un municipio alicantino: Ibi, donde todos los centros de Primaria y Secundaria tienen el TEI. Allí, todos los años el Ayuntamiento convoca las Olimpiadas Emocionales, sobre buenos hábitos, conductas y valores y el Ayuntamiento recibe a los tutores de Primaria y Secundaria para agradecerles públicamente la labor. De esta manera se visibilizan las acciones conducentes a fomentar hábitos de conducta saludables como medio para calar en la sociedad y ésta comienza a comportarse de manera acorde. Raquel Hernández suspira un “ojalá pudiéramos llegar a ser Santa Pola Ciudad TEI”.

 

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