MUJERES EN LA CIENCIA
 

‘Enamoradas de la ciencia’, enamoradas del camino, del viaje y de la superación

 
Miércoles 28 de febrero de 2024 0 comentarios
 

Englobada dentro de las actividades Mes de la Mujer, el IES Cap de l’Aljub quiso poner la ciencia en femenino gracias a la charla ofrecida en el Baluarte del Duque: ‘Enamoradas de la Ciencia’. Una charla orientada a la visibilización de las carreras científicas y, en concreto, aquellas que están siendo desempeñadas por mujeres.

Varias científicas en activo, quisieron contar sus trayectorias, vivencias y anécdotas con el objetivo de, no sólo explicar cómo llegaron a “enamorarse de las ciencias” sino también inspirar a otras niñas para que sigan sus pasos, rompiendo las tradicionales barreras de género que, afortunadamente cada vez son menos, con las que se ha etiquetado al ámbito científico-técnico.

Así, participaron Nora Kennech Belda (Asistente de programación y lenguaje informático), que lo hizo a través de videoconferencia; Melisa Bello (investigadora en el Hospital de Elche); Laura Ambit (Ingeniera Aeronáutica); María José Herrera (directora de banca patrimonial); Míriam Molina Martínez (residente de Medicina en el Hospital de Alicante); y Gemma López Leitón (Técnico superior de laboratorio clínico y biomédico).

Relataron sus experiencias, sus inicios, las trabas y los obstáculos que han tenido que superar y las expectativas reales sobre el futuro laboral en nuestro país.

Nora Kennech

Tomó la palabra en primer lugar Nora Kennech Belda, explicando cómo realizó el Bachillerato en Ciencias en el Cap de l’Aljub, y optó por una carrera (computación creativa), que aunaba lo tecnológico -ingeniería informática- con lo más imaginativo. Así, centró sus pasos en el mundo de los videojuegos, formando parte actualmente, de una compañía en Inglaterra “que se sale del marco habitual, haciendo productos más creativos y pudiendo poner en valor las herramientas tecnológicas y de programación que he aprendido durante mi formación”.

Melissa Bello

Melissa apuntó que “para ser científica necesitas dos cualidades. No hace falta ser tan inteligente, sino muy curioso. Preguntarse por qué está pasando todo lo que ocurre a tu alrededor y ser crítica con el entorno. Además de tener una gran pasión por lo que haces. La ciencia no es sólo una profesión, sino un estilo de vida”. Actualmente, es doctora-investigadora en el Hospital de Elche y lidera un proyecto que estudia, poniendo un ejemplo muy simple, la relación entre VIH y el virus del papiloma humano. Los pacientes con VIH, al tener el sistema inmunitario muy bajo, suelen infectarse de este tipo de virus, “y el papiloma puede producir cáncer. A la mayoría de la gente se le trata y cura, pero hay un porcentaje pequeño que recurre en cáncer. Yo me encargo de saber por qué, qué factores de la virología, de la inmunología o la microbiota están implicados en esa recurrencia”.

Echando la vista atrás confesó que la biología no era de sus asignaturas preferidas y, “he de decir que las primeras mujeres referentes para mi fueron del ámbito de las matemáticas y física. Tras la selectividad estaba muy perdida. Todo el mundo espera que cuando sacas buenas notas entres en medicina, pero mi padre me dijo que había una carrera nueva que se llamaba biotecnología. El objetivo del plan de estudios era preparar a personas que ofrezcan ideas para solucionar los problemas de la sociedad actual manipulando sistemas biológicos... leí eso, y me flipó. Era versátil, abierto y podría hacer una cosa distinta”.

Siguió leyendo y se encontró con la pregunta definitiva: “¿Serás capaz de cambiar el mundo que conoces? Ahí fue cuando dije que ésto es lo que quería hacer”. Cursó la carrera y se introdujo en un mundo “muy, muy complicado. Estás en constante evaluación, dentro de un sector altamente competitivo”, como puede ser en el que está ella, el público, “donde tienes que presentar proyectos cada tres o cuatro años, te evalúan y te dan el dinero o no para que puedas seguir trabajando”. Para conseguir ese dinero, “tienes que hacer que tu proyecto sea el mejor. Y no el mejor de Alicante, sino el mejor de España y, en algunos momentos, el mejor de Europa o entre los mejores de todo el mundo. Hay que currar mucho pero, si se tiene pasión, al final se consigue”.

Ha tenido la oportunidad de trabajar en los mejores laboratorios de virología europeos, ha podido trabajar en el extranjero y ha conocido a gente interesante “de otras culturas, de distintas edades, pero que tenían una cosa en común, la pasión por el trabajo y por la ciencia”.

Laura Ambit

Laura Ambit, es ingeniera aeronáutica, que estudió en el IES Miguel Hernández de Elche, finalizando con un Premio Extraordinario de Bachillerato de la Comunidad Valenciana. A partir de ahí, se fue a Madrid, único sitio en aquellos momentos donde se podía estudiar la carrera, “y fue complicado porque, pese a tener buenas notas, tardé ocho años en sacarme la carrera. Fue duro, pero también aprendí mucho, a superarme, a aprender de los errores y a buscar la pasión”.

Empezó a trabajar en el Instituto Nacional de Técnica Aeropespacial de Madrid, en energías renovables, pilas de combustible de hidrógeno y, dos años después, entró en Airbus, el fabricante europeo de aviones. Concretamente, pasó al departamento de Aerodinámica, donde estuvo trece años, y de allí al departamento de Ensayos de Vuelo, con base en Francia, donde se encuentra desde hace cinco años.

“Lo que hacemos es llevar el avión al máximo de su capacidad, bueno, lo ensayamos en el simulador, en tierra, con los pilotos. Probamos maniobras que, por suerte, normalmente nunca pasan en vuelo, y buscamos la máxima capacidad del avión a las velocidades mínimas y a las velocidades máximas, haciendo maniobras extremas... Al final, certificamos que ese avión es seguro, capaz de hacer todo lo que necesita hacer y que los pasajeros sólo tienen que subirse, descansar, aguantar la lotería de Ryanair y poco más”.

Lara recalcó mucho a los alumnos presentes la importancia de aprender otras lenguas, de convivir con otras culturas en el extranjero, de ver otros sistemas educativos, de probar diversos campos. Cuenta cómo lograron cambiar una técnica de ensayos que llevaba 40 años haciéndose de la misma manera. “Y, como digo yo siempre, yo soy la madre de esa técnica, porque todos los demás eran hombres. Me he movido siempre en un mundo muy masculino, digamos, entre comillas, porque mi campo está muy ligado a lo militar. Pero, la verdad, es que yo nunca me planteé o pensé sobre si mi vocación era un mundo de hombres o de mujeres. Era lo que me gustaba. Nunca he tenido problemas, no he sentido ninguna discriminación y se me ha valorado siempre por el trabajo que hago”.

María José Herrera

María José Herrera, licenciada en matemáticas, es una científica “y no soy verde, no tengo escamas. Esta puede ser una visión exterior de los matemáticos, de los científicos”. Siempre tuvo claro que quería estudiar su carrera, “aunque me he equivocado veinte millones de veces y me equivocaré. Por eso no debéis tener miedo y, siempre, la mente abierta”.

Confesaba que la primera vez que dio la vuelta a un examen en la carrera, sólo vio letras, “¿Pero qué es esto? Me dije, esto no son matemáticas. Me acerqué al profesor con el que más confianza tenía y le dije que esto no era para mí. Él me comentó que ya se me encendería la bombilla, que estuviera tranquila. Cuatro años después me lo volví a encontrar y me dijo... ¿ves cómo se te ha encendido la bombilla? Las matemáticas son difíciles, pero apasionantes, interesantes y, además, hace veinte años no tenían la salida que tienen ahora”.

María José cuenta cómo acudió a su universidad para pedir prácticas en una empresa privada, hecho insólito por aquel entonces. Allí, le pidieron “un par de meses” para buscarle una solución, y efectivamente, le buscaron unas prácticas en banca. Y allí empezó un camino que le ha conducido hasta donde está hoy, siempre dentro del sector. Ha terminado en Banca Patrimonial, donde gestiona los activos, los ahorros de inversores, distribuyéndolos “donde existan las máximas rentabilidades. Permitiéndoles que asuman el riesgo que ellos consideren que vale le pena o pueden. Un poco complejo, la verdad, porque te exige estar continuamente estudiando y certificarte, porque tienes que tener una titulación específica, además de tu carrera. Todos los años hay que volver a estudiar. Pero a mí me apasiona, porque contemplas cómo todo lo que ocurre en el mundo afecta de una u otra manera a tu vida profesional”.

Míriam Molina

Míriam Molina Martínez representa al lado científico-sanitario. Estudió en el IES Cap de l’Aljub y no estaba tan lejos de los alumnos que abarrotaban el Baluarte. Está cursando Medicina y tiene 23 años. Aunque fueron muchos los planteamientos que se realizó a lo largo del instituto tenía claro que se decantaba por las ciencias como opción formativa superior y profesional. Recomienda vivir la etapa educativa del instituto intensamente y no tener siempre la mente puesta en la universidad, porque hay que disfrutar de todos los pasos”.

Tres carreras tenía en mente, desde las matemáticas a la fisioterapia: “al final, estudié medicina. He podido hacer prácticas en diversos hospitales, para así también conocer cómo funcionan los diferentes centros y he hecho prácticas en diferentes servicios. He tenido la oportunidad de estar en diferentes quirófanos, de conocer multitud de técnicas, multitud de patologías”. Mostró gráficos sobre cómo ha ido aumentando la presencia femenina dentro del ámbito científico médico, “a partir de 2016, podríamos decir que, actualmente, son más mujeres que hombres las que están en el sector de la medicina”.

Míriam recomendó a los alumnos presentes “educarse también en lo personal. Para mí, mis dos vías de escape eran el deporte y la música. Aunque estéis agobiados estudiando, nunca dejéis de lado lo que os guste. Por muy bonito que sea vuestro trabajo, hay que cambiar también y tener tiempo para vosotros. Me encantaba el atletismo y la música. Ésta no sólo me permitía desconectar, sino que también está ligada a la ciencia”.

Gemma López Leitón

López Leitón quiso reivindicar la Formación Profesional, pues ella es técnico superior en laboratorio clínico y biomédico. Fue alumna del IES Cap de l’Aljub y aseguró haber tenido “las mismas dudas” que los asistentes a la hora de escoger su futuro profesional. El Bachillerato, y lo que se hará después, pueden llegar a marcar el futuro. De hecho, ella estaba bastante convencida de optar por Medicina, “pero hoy en día hay muchas ramas, empecé a mirar otras carreras y ninguna me convencía o no había suficientes salidas profesionales. Os recomiendo que miréis esa parte, pero no lo focalicéis todo en si tendréis o no trabajo, porque a veces es una lotería”.

“Nunca se sabe al final, porque lo que hoy tiene salida, mañana no y viceversa”, declaró, añadiendo que “cuando entré como técnico de laboratorio, justo coincidió que, al terminar de estudiar, surgió la pandemia. Yo hacía PCR todo el día. De repente, fue un boom, porque se necesitaban técnicos en todas partes”. Agregó que hay que buscar una salida en una profesión donde uno se sienta realizado, “y cuando estás en Bachillerato, parece que la única opción es la universidad. Yo miré FP, donde parece que siempre van las ovejas negras, las balas perdidas... y no es así en absoluto”.

Aunque le llegó algún comentario sobre si estaba desperdiciando su potencial, quiso destacar que “al final, tenéis que apostar por vosotros. Y, el futuro, no está escrito en ningún lado y las puertas y oportunidades no se cierran. De hecho, cuenta que, cuando terminó el grado superior “se me dio una beca de investigación. Esto lo recalco, porque parece que ser técnico es como una cosa secundaria, una cosa menor, que somos como los ayudantes, pero no es así. Realmente, puedes dedicarte a la investigación, puedes dedicarte luego a la docencia. He llegado a conocer técnicos con doctorado. Hay esa concepción de que la formación profesional cierra puertas y es todo lo contrario”.

De hecho, hasta rechazó una oportunidad para hacer investigación en neurociencia, “porque había que trabajar con animales, algo que es duro”. Terminó investigando en el laboratorio de genética del Hospital de Elche, “pero la investigación no es para todo el mundo. Actualmente estoy trabajando en el banco de sangre en el Hospital del Vinalopó, en Elche, y es una cosa que yo ni siquiera sabía que existía. A veces, el trabajo de los técnicos es un poco invisible”. Explica que el banco de sangre está en el servicio de Transfusiones” y somos los que nos encargamos de hacer las pruebas de compatibilidad entre el donante y el receptor, cuando alguien necesita una transfusión sanguínea”. La presencia de los técnicos es amplia dentro del entorno sanitario, trabajando en Anatomía Patológica, en electromedicina... “hay un montón de caminos. Hacemos un trabajo que es igual de imprescindible porque, cuando tú vas a hacerte una radiografía, quien te la hace realmente es un técnico de rayos”.

Desde su perspectiva, sí que hay sectores de la ciencia donde existe la brecha de género: “en los sectores técnicos está especialmente feminizado, “la mayoría somos mujeres y me parece importante destacar este trabajo que no se ve y que muy poca gente se plantea”. Destaca sentirse muy contenta con la labor que desempeña, “porque todos somos importantes, todos hacemos nuestra labor. Yo os animo a que vayáis a por todas, pero no tiene nada de malo el buscar una vida más tranquila. Es muy bonito y, por otro lado, siempre se puede cambiar de opinión, aunque yo no lo haría por nada porque tengo claro que quiero seguir siendo técnico. No todo es el trabajo, sino vivir la vida en plenitud”.

Destaca que ha tenido compañeros que han llegado al laboratorio con más de 40 años, algunos provenientes del sector de la banca, otros de la construcción. “Al final, nunca sabes dónde te lleva la vida. También me gustaría recalcar eso que ciencia somos todos. No sólo medicina y tecnológicas y estas cosas. Las ciencias sociales también son un sector bastante feminizado y bastante invisible, y también son ciencias”.

Mensaje de tranquilidad

Como broche final, el mensaje que de una u otra forma quisieron transmitir estas científicas al alumnado presente, fue un mensaje de tranquilidad y de seguridad.

Ya que como explicó Gemma López, aunque su camino se desvíe por haber escogido una especialidad que les gustó en su momento y que, después, encontraron que no les motivaba, les dijo que no se preocuparan ya que, “nunca es tiempo malgastado. La experiencia se valora mucho en todos los sectores, y nunca es tarde para cambiar de camino. Nadie tiene claro a lo que se quiere dedicar desde el día en que nace. Os lo digo también para quitaros un poco esa presión de que hay que elegir, hay que cumplir unas expectativa, hay que seguir un camino”.

Finalmente, les dijo que son muchos los caminos que se abren cada día, completamente nuevos y muchos los que se les abrirán “pero lo importante es el viaje. Un viaje en el que habéis parado para tomar un respiro, para tomar inspiración”.

 

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