EDITORIAL
 

DE BIENES Y MIELES

 
Viernes 25 de agosto de 2017 0 comentarios
 

Debe ser que la miel del comercio local no está hecha para la boca de muchos. Al menos no para la de nuestros dirigentes que, como avispas, se han propuesto atacar el panal que más nichos de empleo genera en este pueblo. Sí, decimos pueblo, aunque seamos una ciudad de cincuenta y pico mil personas y doscientas y muchas miles en verano. Es lo que tiene Santa Pola, que es distinta.
Por eso, precisamente, por su carácter especial, diferenciador, único incluso en toda la geografía de la Comunidad Valenciana (que si quieren que digamos país, pues también, decimos país y territorio histórico con características de nación y ciudad estado, si se empeñan). Somos un pueblo pesquero, pero tenemos una de las mayores bases en producción de yates; no tenemos ‘turistas’, sino veraneantes porque no hay hoteles (bueno, hay cuatro, pero son pocos para muchos); no tenemos un núcleo urbano, tenemos cuatro (uno de ellos, poblacional avanzado, oigan, pasando por una carretera que parece una trituradora de vidas) y aplicamos un Plan de Humanización que no existe, pero que obedece a una idea politizada pero no “partidista” del futuro de Santa Pola, y que se puede recoger (el Plan) por entregas y coleccionables en las distintas juntas de Gobierno.
Vamos, que si lo que hemos dicho en un párrafo no muestra el carácter singular de la población, que venga Dios y lo vea. También, de paso, debería de inspirar a los gobernantes de esta villa-pueblo-ciudad para que permitan abrir las calles del cetro de 07 a 19 horas. A lo mejor le será más fácil al Divino Creador hacerles entender que comerciantes y vecinos no piden abrir el Mar Rojo y exterminar al malvado faraón y sus huestes perseguidoras. Ni tan siquiera (y esto es negociar a la baja arrastrada) cambiar de sentido Almirante Antequera. Sólo abrir un centro que, con la que cae, está más bien vacío.
Finalmente, puestos a pedir, no estaría mal un poco de respeto en los plenos. Educación, buenas maneras y moderación im-par-cial. Porque parece ser que, a unos, no les pasa nada cuando mentan culos y, a otros, si hablan de mieles y caballerizas, se les quita la palabra.

 

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