LEONARDO Y EL UNIVERSO FEMENINO
 

Mucho más que la mera belleza

 
Viernes 15 de marzo de 2019 0 comentarios
 

El pasado sábado, alrededor de 150 personas abarrotaron el Baluarte del Duque para acudir a la charla impartida por el profesor Valeriano Venneri, enmarcada dentro de las actividades del 8 de Marzo. Bajo el título ‘Leonardo y el universo femenino’ (y patrocinada por la cátedra arzobispo Loazes de Orihuela, su director Gregorio Canales (Universidad de Alicante), fue el encargado de realizar la presentación) se realizó un repaso a los cuatro retratos femeninos autenticados, a saber: Ginebra de Benci, La Dama del Armiño, La Belle Ferronière y la Giconda.

Venneri inició la exposición lanzando la vista atrás, a cómo habían tratado pintores contemporáneos retratos el de Giovana Tornabuoni (de Domenico Ghirlandaio, maestro de Miguel Ángel ) “con una postura clásica, de perfil, inexpresividad de los rostros. Lo que se pretendía era crear un símbolo, idealizar. Eran trabajos con muy poco contacto con la realidad”. De esta manera, lo que hace Leonardo, a partir de la Dama del Armiño (1490), “además de cambiar una postura, que se aleja del perfil o frontal, revoluciona la retratística. Usa el tres cuartos. Dota de movimiento, volumen al cuerpo mismo y también trabaja sobre la sonrisa y la mirada. Descubre, por decirlo de una manera llana, el interior de la mujer”.

Leonardo imprime personalidad, carácter, individualidad a los retratos y, en este caso, a la figura femenina. “También lo hará con hombres, pero sus trabajos más reconocidos son los de las féminas”.

Cecilia Gallerani (La Dama del Armiño), es la amante de Ludovico Sforza, duque de Milán (amigo y aliado de Lorenzo de Medici, mecenas y protector durante un tiempo de Leonardo), por lo que envía éste a Milán, “entre otras cosas, porque era un pintor anárquico y, como no pudo ir a la Capilla Sixtina, lo envió allí, donde reside casi veinte años, aunque terminó volviendo a Florencia, para marchar posteriormente a Milán y Francia”.

Los retratos, en aquella época, son el Instagram que tenemos a día de hoy. Pero estas fotografías, estas imágenes, eran carísimas y son encargadas únicamente por personas pudientes. Gallerani, como amante del duque, tenía una elevada posición y, con solo 17 años, es inmortalizada por Leonardo. Pero no es sólo su belleza la que pretende reflejar el artista, también es su fuerte personalidad. “Junto con Ginebra y la Ferronière (Lucrezia Crivelli, posterior concubina de Ludovico), son símbolo de un adelanto a su época. Aún siendo joven, no es sólo la amante, también es una mujer culta, que reunía a su alrededor a numerosos intelectuales en las charlas que organizaba. De hecho, se mantiene a flote tras el matrimonio del duque con Beatriz de Ferrara, pues ésta le obliga a echarla de palacio, pese a tener un hijo de Ludovico”.

Los cuadros de Leonardo están cargados de simbología. El armiño es un animal relacionado con la familia Gallerani, además de tratarse de un cuerpo militar creado por el propio duque de Sforza. Cabe recordar que, etimológicamente, Arminio (el germano que acabó con tres legiones romanas) significa armiño. Qué mejor nombre para un cuerpo especializado en tiempos donde estaban enfrentados con los Estados Pontificios. Por otro lado, el armiño es un símbolo de fuerza, virilidad en concreto, “llegando a ser interpretado, en este cuadro, como si se refiriera al propio órgano reproductor masculino del duque Sforza… controlado y amansado por Cecilia, y siendo también considerado así como un símbolo de fidelidad, pues lo acuna en su regazo. Una virtud más que se desvela de ella, conduciéndonos más allá de la palpabilidad de la imagen”.

Sobre Ginebra de Benci, también una mujer culta, Venneri desveló que es obligada (algo natural también en esa época) a casarse con un hombre al que no ama, quince años más mayor. “Leonardo coloca detrás de ellas la leyenda“virtutem forma decorat”, que puede traducirse como “la belleza completa la virtud”. Anteriormente a Leonardo, sólo era alabada la belleza en los retratos”.

La característica importante de La Belle Ferronière es el movimiento que le imprime en los ojos, “mientras en la Dama del Armiño, el movimiento lo acompaña con una pequeña sonrisa”, destaca el profesor, crítico y comisario de exposiciones, quien añade que “lo consigue con las órbitas de los ojos, que miran hacia el lado. Un efecto fruto de los estudios de óptica y anatómicos realizados, por lo que Leonardo personifica al auténtico hombre del Renacimiento, al tiempo que Miguel Angel se ocupa de pintura, escultura y arquitectura, él lo hace con óptica, anatomía, ingeniería…”.

La Mona Lisa
La Gioconda, el retrato de Lisa Gherardini (también conocida como Lisa de la Gioconda) fue encargado por Francesco di Bartolomeo del Giocondo, mercader de textiles y seda enriquecido. Un matrimonio de los escasos, pues se le presupone amor previo, porque la familia de ella carecía de pudientes. “Es el primer retrato donde Leonardo experimenta el esfumado”, explica Venneri, quien añade “para mandar un mensaje a través del paisaje. Un paisaje real de Arezzo (al este de la Toscana). Con el esfumado evoca la mutabilidad del paisaje, gracias al correr del tiempo, haciendo así un paralelismo al inevitable devenir temporal que padece el ser humano”.

“Sin embargo, y pese a muchos estudios, nadie sabe los que realmente nos quiere transmitir a través de la sonrisa. Sin duda la más famosa de la Historia del Arte, pero también la más enigmática. No tiene nada que ver con lo que dice Dan Brown, del que no soy muy partidario”, confiesa Valeriano Venneri. “Los retratos de Leonardo son trabajos muy lentos. Primero, porque pensaba y luego se arrepentía, volviendo a rehacer; segundo, porque trabaja sobre madera de chopo (el lienzo sería un invento que llegaría más tarde) y sólo puede pintar en días nublados, pues se seca la pintura rápidamente y, tercero, porque Leonardo se llevaba sus trabajos allí donde fuera”.

Y Da Vinci viaja mucho, “de hecho, cuando lo envía el duque a Milán no lo hace en calidad de artista, sino como organizador de eventos, como cocinero (escribió un tratado de cocina), es inventor del tenedor, de la servilleta…”.

Hacia la Gioconda, Venneri siente una “cordial antipatía”. Sus preferencias personales se dirigen hacia la Dama del Armiño, “pero la Gioconda tiene detrás un trabajo de hipermárketing, aunque reconozco que es un gran retrato. Si me preguntan , estaría entre los primeros diez”. De hecho, ocho de cada diez personas que acuden al Louvre aseguran que lo hacen para ver la Gioconda.

Sobre lo de si es el propio rostro de Leonardo el que aparece plasmado en la Mona Lisa, o sobre si las féminas retrasas son más o menos hermosas que en la realidad, no le da importancia Venneri, “porque lo realmente importante es que el artista, aquí, no busca la belleza, sino otra cosa. Lo que le da más mérito es que, mientras que Miguel Ángel tenía dos biógrafos detrás de él en todo momento, Leonardo se niega a ello, por lo que los historiadores siempre tendrán con él algo que analizar, criticar o interpretar en alguna de sus obras”.

Messi y Ronaldo

En la Europa del finales del siglo XV y comienzos del XVI, Leonardo y Miguel Ángel son admirados, “son muy conocidos y tratados como Messi o Cristiano Ronaldo hoy en día”. Sin embargo, Da Vinci no acaba bien, mientras que Buonarroti, sí. Leonardo era anárquico, “y los anárquicos nunca terminamos bien”, apostilla el profesor. “Creo que hubiera podido terminar muy bien, pero no le interesa la gloria en aquel momento. Cuando salen sus retratos son apreciados por todos, pero lo que busca es el conocimiento, la investigación. Es un hombre inquieto, como muestra, todos los experimentos que apunta: desde la posibilidad de volar o la bicicleta, hasta la pesca submarina. Encuentro muy difícil no decir que es el único hombre que conozco que no sabía hacer algo. Desde mi perspectiva, y dada su gran personalidad, entendió que se iba a hablar de él mismo durante mucho tiempo. De hecho, se hará mientras exista la humanidad”.

Asegura que, entre ambos genios, existe una diferencia casi filosófica, “Leonardo es un intimista. Sus dibujos, sus esbozos o trabajos, son bonitos. Para Miguel Angel es la idea lo importante. Experiencia e idea no pueden coexistir. Uno es un platónico (Miguel Ángel), al tiempo que Leonardo es claramente pitagórico. “Miguel Ángel es más dócil, pero Leonardo no soportaría que nadie le dijera cómo pintar o qué pintar. Es cierto que, luego, Miguel Ángel también desobedece, sobre todo a los papas, pero es mucho más disciplinado (hasta un cierto punto, claro). Messi puede permitirse ser como Maradona, pero no lo hace”.

 

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