MUSEO DEL MAR
 

Cientos de recuerdos de familia Pérez-Ojeda son cedidos al Museo del Mar para ser expuestos

 
Lunes 20 de julio de 2020 0 comentarios
 

El Museo del Mar de Santa Pola acogerá en su seno más de un centenar de piezas provenientes de la familia Pérez-Ojeda con el objetivo de realizar una exposición cuando la situación lo permita. Casilda y María Fernanda Tortosa Pérez-Ojeda, herederas de tan valioso ajuar, han explicado a este medio que el objetivo con su cesión es mostrar y poner en valor la historia de la mujer burguesa.

Mª José Cerdá, directora del museo, ha recalcado la necesidad de concienciar a la población de la importancia del patrimonio etnográfico, que muchas veces se encuentra en sus propias casas. Las colecciones del museo son casi en su totalidad donaciones de los habitantes de Santa Pola, lo que contribuye a contar la historia del municipio. Cerdá cuenta que “la misión del Museo del Mar no es solo conservar el patrimonio o potenciar el conocimiento y el amor al arte y su historia, sino que también es transmitir todo lo intangible”.

En este sentido, el museo sirve como canal y vía abierta para que la ciudadanía pueda donar (o ceder con posibilidad de recuperar) los objetos antiguos que tienen en su casa. Los profesionales de la gestión del patrimonio son fundamentales en la criba. Si detectan algún tipo de valor histórico; se encargan de recogerlo, inventariarlo, conservarlo y utilizarlo para las exposiciones. En esas piezas está escrita la memoria y el afecto de cada familia, y cuando ésta las deposita, deposita una parte de su alma y de su historia. Y eso hicieron las hermanas Tortosa Pérez-Ojeda que, haciendo limpieza durante el confinamiento, encontraron un baúl de valor incalculable. Y no solo por los objetos, sino por los dos siglos de recuerdos que custodiaba en su interior.

La historia viva de tres generaciones

El relato de la familia Pérez-Ojeda comienza en 1882, cuando llega a Santa Pola el notario Francisco García Braceli. Fue un hombre de gran corazón que obtuvo múltiples agradecimientos del Ayuntamiento del municipio y del Pósito pesquero por realizar acciones totalmente altruistas y mediadoras. Por ejemplo, durante la epidemia de cólera, se encargó de recoger de forma voluntaria los testamentos de los enfermos, sin nadie que le acompañase debido al miedo al contagio. Adquirió una casa en la calle del Muelle (espacio que actualmente corresponde a los números tres y cinco), y allí vivió junto a su mujer Vicenta Alonso Fenoll y Josefina, su única hija.
A finales de 1896, cuando la Armada visitaba Santa Pola, un joven oficial de la Guardia Marina procedente de Cádiz se enamora de la hija del notario. Y en 1900, después de que él regresara de la guerra, se casaron en el pueblo. Fernando Pérez-Ojeda fue capitán de Navío, reconocido a nivel nacional por su apoyo a la cultura. Estuvo destinado en múltiples lugares debido a su trabajo, entre ellos Madrid. En la capital descubre y publica en 1905 la consueta de 1639 del Misteri d´Elx; y en Santa Pola crea una asociación cultural que procuraba alfabetizar a los pescadores y organizar fiestas y actos. Si algo tuvieron en común estos dos hombres fue su carácter pacificador y su impulso a diferentes proyectos culturales y festeros, lo que les hizo ganarse el cariño y reconocimiento del pueblo costero. De hecho, tienen dedicadas dos calles.

Toda una vida guardada en objetos

La familia Pérez-Ojeda es fundamental para entender la historia de Santa Pola, y las más de cien piezas cedidas por las dos mujeres descendientes de cuarta generación son realmente diversas. Todas las pertenecientes al siglo XIX provienen del núcleo formado por el notario García Braceli y su mujer; y, las del siglo XX, del constituido por su hija Josefina García y Fernando Pérez-Ojeda.

La cantidad de material es ingente. Hay cuadros de los torpederos de 1922, de los cuales uno de ellos estuvo bajo el mando del capitán gaditano; así como ajuares de niño, revistas de moda o algunas fotografías. Sin embargo, la joya de la corona la constituyen los múltiples objetos propios del ámbito privado, de las casas de la época. Los ajuares de las mujeres de la familia; que contienen ropajes, vestidos, tapetes de ganchillo o incluso los zapatos de boda de Josefina García (que se mantienen en su caja original), ayudan a comprender la historia desde la mirada femenina. El relato de los hombres Pérez-Ojeda y su papel en el término municipal ha quedado “patente y manifiesto”, en palabras de Mª José Cerdá. Y añade: “la historia de las mujeres ha quedado siempre encerrada en las casas”.

Mª Fernanda Tortosa establece como palabras clave en este viaje etnográfico la alegría, el cariño y la cultura. Alegría por los momentos vividos y revividos a través de los recuerdos materiales, cariño por los objetos y su significado y cultura porque a través de ellos se cuenta una historia, la historia de tres generaciones y la de todo un pueblo. Son muestra de cómo vivieron las mujeres durante dos siglos, sus costumbres y tradiciones, que se extrapolan a la representación de la Santa Pola del pasado. Y como algo crucial, también suponen que esos recuerdos se mantengan vivos y perduren en la memoria colectiva, para no desaparecer con las personas que los crearon. “Nuestra madre guardó todos esos objetos, para ella era importante y lo hizo importante para nosotras”, apunta Tortosa. Su hermana comenta que el hecho de donar las piezas y realizar la exposición es “para honrar, sobre todo, a nuestros abuelos y bisabuelos”.

Por su parte, Trini Ortiz concejal de Cultura expresó el agradecimiento por parte del Ayuntamiento de Santa Pola hacia las herederas por realizar la donación. “Que cedáis algo que es vuestro y forma parte de vuestra vida y recuerdos para que todos podamos verlas y nutrirnos de ellas se agradece muchísimo”, afirma. Y añade: “compartirlo con el pueblo es una muestra de generosidad total”.

Museo del Mar

El Museo del Mar sigue inmerso en realizar diferentes actividades culturales a pesar de la crisis sanitaria. Su intención es que las tradiciones continúen para devolver una cierta normalidad a los habitantes de Santa Pola y que no caigan en el olvido. Por ejemplo, aunque este año no se haya celebrado la procesión de la Virgen del Carmen, el barco-museo se ha engalanado como todos los años. A su vez, en los últimos días se han estado realizando entrevistas a personas relacionadas con la cultura marinera (calafates, rederas, veleras, etc.), para crear vídeos que en el ámbito académico se puedan utilizar y abordar así diversos temas. Todo ello demuestra que el Museo está totalmente vivo, es una casa abierta con gente que viene y va, que deja y que trae.

Cerdá hace hincapié en la responsabilidad de las administraciones públicas como custodios de la memoria de un pueblo y conservadores de los recuerdos de sus habitantes. No pueden trabajar de espaldas a la comunidad porque la historia es suya, y ellos garantes y relatores, mediadores de la historia para las generaciones futuras. “Si no permeamos en la sociedad del presente, dentro de unos años no sabremos ni quiénes somos”, advierte la directora. “La importancia de un museo se la da el pueblo. Si éste ama su cultura, el museo se hará grande”.

 
 

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