PREMIO GLOBAL UMH: DERRIBANDO MUROS
 

Santa Pola, una Ítaca con héroes reales

 
Viernes 7 de junio de 2019 0 comentarios
 

El pasado 30 de mayo, Santa Pola acogió parte del programa del Congreso Internacional ‘Muros’, organizado por la Universidad Miguel Hernández de Elche. Un congreso donde se se entregó el premio ‘Global UMH: Derribando Muros’ al patrón del barco Nuestra Madre Loreto, Pascual Durá, a cargo de la Asociación Española para el Diálogo con las Culturas Hispanas de América del Norte y el Área de Estudios Hispanounidenses del Vicerrectorado de Relaciones Internacionales de la UMH.

Previamente, el profesor José Luis Ferris, director de la Cátedra Miguel Hernández, prologó la entrega del reconocimiento. Comenzó poniendo, “los dedos en la herida del mundo, para detener la sangre y denunciar el dolor”. Existir, apuntó Ferris, “es un complicado oficio” dentro de un mundo menos digno que cualquiera de los presentes pudiera desear. Privilegiados somos aquellos que lo hacen en el primer mundo, enclavados dentro de un marco de convivencia y cultura, “sin que el sonido de las bombas nos haga huir de nuestra propia tierra”. Privilegiados por no estar “en ese lado del muro, donde se pone cicuta en los labios de la libertad. Privilegiados por respirar a cielo abierto, junto al mar, mientras que 1.500 niños mexicanos e iberoamericanos permanecen enjaulados en absurdas fronteras”. Privilegiados, apuntó en definitiva, “porque tenemos conciencia de la adversidad y del éxodo que padecen miles de seres humanos y nos estremecemos ante imágenes ciertas de las criaturas más vulnerables. Privilegiados, también, mientras nos mueva el imperativo moral de aliviar el sufrimiento de otros y que no pasemos a la página de indiferencia”.

Amar la vida
Citó a Dostoievsky, en ’Los hermanos Karamazov’, cuando aseguró que “hay que amar más la vida que su sentido”, pues nada hay más cierto si se mira que la vida se reduce, en ocasiones, a un perfecto absurdo. “Al gran absurdo de que el derecho internacional humanitario se siga machacando a cada segundo que pasa” cuando millones de seres humanos se ven condenados a morir de hambre y enfermedad. El espectáculo de la violencia se extiende por el mundo, niños y niñas son forzosamente reclutados para una guerra, la explotación laboral o sexual. “Muy cerca de nosotros, la discriminación de la mujer o los ancianos, siguen teniendo columnas en la prensa diaria”.

Recordando la frase iluminadora del literato ruso, añadió las palabras de Chesterton: “Hay que amar la vida sin confiar nunca en ella”. Hace aproximadamente ochenta años, un poeta de corazón abierto y destino oscuro escribió desde una trinchera, el temor de un compañero abandonado cuando fue gravemente herido. “Ahora, como entonces, me siento en disposición de no dejar solo en su desgracia a ningún hombre”. Fue Miguel Hernández el que vivió la experiencia y la dejó plasmada para la historia negro sobre blanco, “palabras que no pueden ser obviadas en un día como hoy, ante personas como Pascual Durá, patrón de Nuestra Madre Loreto”.

Labor humanitaria
Habló de los pescadores de Santa Pola, “que vienen realizando una labor humanitaria desde siempre, pues creen en el hombre”. El pasado 22 de noviembre se sintió por toda Europa la noticia de que un pesquero de nuestra tierra había rescatado a doce inmigrantes en las aguas del Mediterráneo. Durante varios días, la noticia permaneció en el candelero y, el propio Ferris destacó, “cuando sentí, leí y oí que, tras diez días, el barco estuvo esperando respuesta de los gobiernos occidentales sobre en qué puerto podían dejar a los refugiados mientras navegaban entre Libia, Túnez, Malta e Italia. Cuando vi, oí, sentí y oí que la embarcación no quiso dejar a los náufragos en Libia, por considerar que no era un puerto seguro. Cuando la capacidad del barco, que era de trece personas, superaba el número de viente. Cuando vi, sentí y oí que el patrón del barco, en medio de un temporal de viento y lluvia, reclamó una respuesta urgente, porque sólo tenían combustible para tres días. Cuando vi, sentí y oí que, finalmente, el 2 de diciembre, se les permitió dejar en puerto seguro a los náufragos de nadie... cuando una historia como esta tan dura me golpeó, nos golpeó, el corazón, no tuve que esforzarme demasiado para ver la realidad, el éxodo de un pueblo, el calvario de miles y miles de personas”.

No cuesta esfuerzo, si uno tiene la mente clara y abierta, en sentirse como el poeta de Orihuela. No cuesta, porque Miguel Hernández demostró en cada momento de su existencia amar la vida más que su sentido. “No dejar solo a ningún hombre sumido en su desgracia fue una bandera y, por ello, puso voz a aquellos que nunca la tuvieron frente a la injusticia feroz”, explicó el profesor y conferenciante, explicando que se está convirtiendo el mar “en un cementerio de almas que buscan, sencillamente, un mundo mejor”. Miguel Hernandez llora también por los 1.500 niños que lo hacen sin consuelo encerrados en la América de Donald Trump. Miguel Hernández “es la conexión más cierta con el centenar de náufragos que la familia Durá ha rescatado en alta mar, en sus dos barcos, entre 2006 y 2018”.

Denuncia y abrazo
Los textos solidarios de Hernández son un canto contra el sufrimiento, una denuncia firme y un abrazo de acogida, “por lo que admiro firmemente a Pascual Durá, a su familia, su tripulación y toda la gente de su especie, que tienen la voluntad de derribar los muros de la ignorancia. Por eso admiro tanto a aquellos y aquellas que sienten diariamente el impulso de hacer de este mundo una aventura más amable”, declaró. Sólo aquellos que trabajan desinteresadamente para quienes se les niega los derechos más elementales, en cualquier zona del mundo, “quienes atienden sin desfallecer a los colectivos olvidados o despreciados, desprovistos de bienestar. Quienes se implican, día a día, por solucionar los problemas sociales que nos rodean; quienes se esfuerzan al límite por soslayar y denunciar los desmanes, quienes se esfuerzan por devolver a la vida su sentido... sólo ellos, gente como vosotros, aman la vida sin interés. Sin confiar acaso en ella, pero sí con la esperanza de que esta, algún día, se deje querer sin condiciones”.

“Naciones de la tierra”, escribió Miguel Hernández, “patrias del mar, hermanos del mundo y de la nada. Habitantes perdidos y lejanos más que del corazón, de la mirada. Aquí tengo una voz enardecida, una vida combatida y airada. Aquí tengo un rumor, aquí tengo una vida. Abierto estoy, mirad, como una herida. Hundido estoy, mirad. Estoy hundido en medio de mi pueblo y de sus mares (...)”. Y, como el poeta, pidió que se escuchara su voz, “porque empuño el alma cuando canto”.

Maria José Cerdá, directora del Museo del Mar, tras las emotivas palabras del catedrático, explicó que Santa Pola es un pueblo marinero, “y en esta casa, en la del Mar, intentamos cuidar y estudiar la memoria de éste. Santa Pola no ha sido en su historia otra cosa que un puerto de mar, y sigue siendo eso. Probablemente, seguirá siéndolo. A lo largo de nuestra historia, nuestros marineros han hecho grandes hazañas y hoy vamos a premiar una de ellas. No ha sido la primera y, desgraciadamente, no será la última”.

Llamó Cerdá a José Luis Ruiz, rector de la UMH, quien entregó el premio a Pepi Irles (armadora del barco), madre de Pascual Durá, quien no pudo acudir en persona a la recogida del premio, ya que las labores de la mar, jefa siempre exigente, no se lo permitieron. Pepi, como bien indicó Cerdá, “es una mujer fuerte y valiente, y acostumbrada a lidiar con los medios”. Pepi Irles quiso dar las gracias por el premio, un galardón que lo quiso compartir con toda la tripulación y “pese a los nervios, me ha alegrado mucho estar aquí”, afirmó.

Yolanda Seva
Por su parte, Cerdá esperó “que esta sea el último premio que se tiene que dar por hacer algo que los gobiernos y los estados debería hacer”, antes de introducir a Yolanda Seva, alcaldesa en funciones de la villa, quien agradeció las “emotivas y hermosas palabras” de José Luis Ferris, “que nos han llegado a todos al corazón, y que nos han hecho abrir los ojos a esa realidad que no entendemos ni comprendemos”.

“A Pepi”, argumentó la alcaldesa, “dar las gracias por estar siempre al pie del cañón, por ser esa madre coraje y ser tan valiente en situaciones tan, tan complicadas. Quiero darte las gracias por lo vivido y, sobre todo, por la fuerza que nos distes a todos. Gracias a ellas, nos mantuvimos serenos y terminar en buen puerto, el puerto de Santa Pola, con el conflicto que surgió en medio del mar”. A los compañeros de Corporación, que acompañaban en el acto, se dirigió y declaró que se siente contenta de que “Santa Pola sea sede, por hoy, del primer Congreso Internacional para el Diálogo con las Culturas Hispanas”, así como a todos los departamentos y asociaciones implicados en un congreso que “reúne a expertos que estudian y analizan los muros físicos y mentales que las culturas, que los pueblos y que las sociedades levantan entre sí y que impiden el diálogo”.

Unos muros que se levantan con palabras que definen realidades, conformando nuestro pensamiento colectivo. “Por eso, durante estos días, a través de la lengua, la literaturas, artes visuales y medios de comunicación, así como con las ciencias humanas, sociales y de comunicación, se están estudiando estos fenómenos que rompen, que no unen, que separan y confrontan a la humanidad”, agregó. “Los discursos políticos”, afirmó, “pueden ser creadores o constructores de fronteras, físicas y mentales, y con las políticas públicas se puede rasgar o coser el delicado tejido de que se componen pueblo, identidades y culturas”.

Yolanda Seva dio las gracias a las concejalías de Migraciones y Cultura del Consistorio “por apostar por este evento y gracias por reconocer a su Cofradía, sus gentes del mar y la hazaña realizada por el Nuestra Madre Loreto por derribar muros”. El espíritu marinero grava a fuego las leyes de la mar, “que nos empujan a la solidaridad, al cuidado de los débiles y al respeto por los diferentes”.

Antonia Moreno
Cerró el acto la Directora General de Cooperación de la Generalitat, Antonia Moreno Ruiz, quien se alegró enormemente por coincidir en el acto con la armadora Pepi Irles, “pues coincidí con ella a finales de enero, en las Primeras Jornadas de Educación Solidaria, desarrolladas en Elche. Hacía sólo unas semanas que el pesquero había llegado a Santa Pola con los náufragos rescatados en alta mar”. Recordó la intervención que en ese foro hizo Irles, fuerte y algo enfadada, “que consiguió emocionarnos, porque al oírla fue como escuchar a Penélope hablar de su angustiosa espera, mientras Ulises estaba acechado en los mares por mil peligros”.

Aquel día, rememoró Antonia Moreno, “Pepi nos contó avatares y sufrimientos de su hijo, el patrón, de la tripulación y de los hombres y mujeres rescatados frente a las costas libias, de la incomprensión del gobierno... y con esa épica de las narraciones antiguas nos emocionó hasta las lágrimas”. Se premia, para la directora general, “un relato de vida, una aventura humana de solidaridad y fortaleza, de hombres que superaron adversidades, amenazas, como esos relatos míticos que conocemos y que nos han forjado como cultura”. El Mediterráneo siempre será el mar del hombre nómada y del moribundo, “que busca de forma inquieta un anhelo de futuro, cueste lo que cueste”. De esos nómadas venimos todos, porque en esos puertos levantinos nuestros antepasados encontraron su refugio.

Todos estamos compuestos de narrativas similares, de relatos de exilio por el desierto del Sinaí, aventuras homéricas o rescates marítimos donde se ha volcado todo un cuerpo. “Fragatas que dejan a morir en alta mar a los desesperados, mientras que vosotros os apiadasteis de la intemperie del emigrante, que se ha quedado sin tierra madre, sin brújula. Los héroes contemporáneos son tan escasos que parecen vivir sólo en los relatos. Por eso vuestra historia tiene ese cariz de leyenda, y en el futuro será narrada. Queráis o no, habéis convertido Santa Pola en nuestra particular Itaca”.

 

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